La paradoja del fuego

En Asturias se producen unos 2.000 incendios al año, que afectan a más de 7.000 hectáreas, generalmente de matorral. Muchos de estos fuegos ilegales se provocaron para generar pastos para el ganado
08.04.2011 – JOAQUÍN ARCE FERNÁNDEZDIRECTOR GENERAL DE POLÍTICA FORESTAL Y MIEMBRO DE LOS VERDES DE ASTURIAS

En Asturias, como en otros lugares, nos encontramos frente a «la paradoja del fuego». El fuego en el monte tiene efectos destructivos, pone en riesgo los suelos, la vida de las personas, los bienes y la biodiversidad, y cuando no está autorizado es un delito grave, castigado con elevadas penas de cárcel. Pero, al mismo tiempo, el fuego, desde la antigüedad, es una herramienta de gestión de los espacios ganaderos y naturales. Y hoy en día también puede ayudar en la prevención de incendios e, incluso, la extinción. Es el llamado fuego técnico. La sociedad asturiana debe acabar con los incendios forestales provocados y castigar a los que los inicien. Pero igualmente tiene que encontrar la forma de manejar el fuego como herramienta, de forma legal, útil, en los momentos y lugares adecuados y sin degradar los suelos o el patrimonio natural.
En la última Conferencia Europea sobre Protección de los Bosques, celebrada en Segovia en abril de 2010, durante la Presidencia española de la UE, se abordó este asunto con un programa de investigación europeo para la gestión integrada del fuego forestal, denominado ‘Fire paradox’, que ha concluido con una propuesta de directiva que pretende ordenar, entre otras cosas, el uso tradicional del fuego y las quemas controladas.
Para de debatir sobre esta cuestión, en marzo de 2011 se celebró en Oviedo una jornada organizada por la Dirección General de Desarrollo Rural de la Consejería de Medio Rural y Pesca titulada ‘La gestión del fuego en los ecosistemas ganaderos’, en la que participaron representantes de la Administración de Escocia y Francia, ganaderos de Asturias, profesores de ecología y antropología, ecologistas, el fiscal de Medio Ambiente, etcétera. Las conclusiones de esta jornada, que resultó muy interesante, fueron que es necesario incrementar en Asturias los programas de desbroces y quemas controladas y simultáneamente conseguir que se reduzcan, de forma drástica, los incendios forestales. Algo que es posible, tal como demostró la experiencia de los Pirineos franceses en la última década.
Para ver cómo hacer esto debemos analizar primero la situación actual. En Asturias se producen unos 2.000 incendios al año, que afectan a más de 7.000 hectáreas, generalmente de matorral. Según los datos disponibles, muchos de estos fuegos ilegales se provocaron para generar pastos para el ganado. En los últimos años, la Administración ha intensificado la política de prevención de incendios, que contempla numerosas medidas: vigilancia ordinaria y guardias extraordinarias en las épocas de mayor riesgo; elaboración de una estrategia regional de prevención de incendios forestales (aprobada en 2009) y de planes municipales; desbroces y cortafuegos; creación de pastizales; mejora de pistas para acceso de bomberos; puntos de agua para motobombas y helicópteros; quemas controladas (entre 100 y 200 hectáreas al año); desbroces preventivos a los lados de los caminos y pistas municipales, con un gasto anual de unos 3 millones de euros; control de líneas eléctricas y canteras; eliminación de vertederos en el monte; tratamientos silvícolas y ordenación forestal; subvenciones a la recuperación de las zonas quemadas (en Busindre-Valdés se repoblaron de nuevo unas 1.000 has quemadas), y, como medidas más a largo plazo, investigación de la propiedad, concentración parcelaria y agrupaciones de propietarios. Además, la Ley de Montes contempla que cuando se produzca un incendio forestal, en las zonas quemadas, entre otras limitaciones urbanísticas, forestales y cinegéticas, se prohibirá el pastoreo hasta que la vegetación se recupere a la situación anterior al incendio. Así hemos hecho, con rigor, desde que llegamos al Gobierno hace más de dos años, en el marco del refuerzo de las medidas de prevención de incendios y recuperación de terrenos quemados, tramitándose en ese periodo más expedientes de acotamiento al pastoreo que nunca sobre una superficie de más de 1.300 hectáreas.
En general, todas estas medidas son eficaces y muy necesarias, pero en la jornada señalada hubo un cierto consenso sobre la necesidad de priorizar e incrementar el programa de desbroces y quemas controladas, que, hasta la fecha, resulta insuficiente para satisfacer todas las demandas del sector ganadero. Para mejorar ese programa, la Dirección General de Política Forestal ha encargado al Indurot de la Universidad de Oviedo abrir una nueva línea de trabajo sobre procedimientos más flexibles y ágiles de desbroces y quemas controladas, consensuados con ganaderos y demás colectivos afectados, que permita reducir de forma drástica los incendios forestales y mantener por otras vías (desbroces, creación de pastizales, puntos de agua, cierres y quemas controladas) la superficie útil para uso ganadero, al tiempo que se conservan y mejoran los suelos, la vegetación y la biodiversidad. En tanto se termina y acuerda este trabajo, de forma inmediata, se incrementarán los recursos humanos (cuadrillas) y los recursos materiales destinados a las actuaciones de mejora de pastos consensuadas en aquellos lugares en los que no se produzcan incendios forestales.
Con todo ello se pretende evitar también que puedan llegar a producirse en Asturias grandes incendios forestales (GIF), que son aquellos incendios catastróficos, comunes en otras regiones, que alcanzan más de 500 hectáreas, ya que el mantenimiento de la ganadería extensiva es una eficaz herramienta de prevención de incendios y de conservación del paisaje tradicional asturiano: mosaico fragmentado de prados y bosques autóctonos, que evita las grandes masas forestales continuas y uniformes de alta inflamabilidad, que son propicias para los GIF.
En resumen, con esta nueva línea de trabajo y las puestas en marcha anteriormente pretendemos reducir, hasta intentar eliminarlos, los incendios forestales relacionados con la generación de pastos, incrementando los desbroces ejecutados o subvencionados por la administración, los trabajos de conservación y mejora de pastizales y las quemas controladas, con un nuevo sistema de gestión consensuado con los ganaderos, seguro, más ágil y descentralizado, y ligado al compromiso permanente de desaparición de los incendios forestales.

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